Sólido Azul

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Sólido Azul
Novela
Conarte, 2003
cuadrito
cuadrito
1
Conocí a Claudia una tarde o una noche de verano o de invierno, en casa de una amiga, por Padre Mier o ante el aparador de otra joyería. Nadábamos en casa de sus tíos, empapados bajo un relámpago después de otro baile; aprovechábamos los últimos momentos de oscuridad o de neblina para internarnos entre unos encinos al fondo del jardín o para acariciar un gato que cerraba los ojos y arqueaba el cuerpo. La conocí cuando se compraba unos aretes de plástico en el fondo del mercado, cuando contaba los adoquines de un corredor o cuando remojaba sus labios con limonada o chocolate debajo de una escalera o ante una chimenea. La conocí en el pasillo donde un caracol dejó su rastro brillante, en el Primer Cuadro, en un desayuno no recuerdo por qué ni para quiénes, con las mejillas rosas y bañadas de lágrimas o jugo de naranja, cuando nos presentaron sus primos o en la banca de la plaza donde algunos maestros jubilados se hacen bromas bajo los fresnos.
Desde entonces me gusta su manera de estar en silencio, su sonrisa. A veces me mira furtiva y, al sor¬prenderla, finge.
Yo llamaba a su teléfono y no hablaba. Claudia identificaba mi respiración y mi silencio.
Y del otro lado me diría no te preocupes, yo también te quiero.
El calor está fuerte y uso traje a diario, al menos en la oficina. Aunque no tengo carro. Me da vergüenza viajar trajeado en camión: el chofer vuelto loco, el infecto pasamanos, la canícula de una ciudad donde los jefes no consienten los retrasos de sus trabajadores, y yo ahí, comprimido en esa rutina ambulante, cuidando la raya del pantalón y que no se repegue el vecino y su aroma. En este reciclaje necesito usar traje para ganar más dinero y comprarme carro, pero no puedo trajearme porque no tengo carro. Años y años a la corre y corre, huyo de la pobreza enamorada de mis talones, corro, busco dinero en las alcantarillas, rasco monedas debajo de las piedras, oxidado.
Llevo acumulado cansancio de varios días para que el trabajo saliera bien. Afortunadamente, concluida la ceremonia, la empresa decide regalarse y regalarme la tarde.
Y esta tarde libre me toma por sorpresa.